En Baleares tenemos muchos y excelentes dentistas pero no los visitamos, ¿por qué?

Baleares cuenta, en estos momentos, con un total de 70 dentistas por cada 100.000 habitantes, es decir un dentistas por cada 1.424 personas. Este hecho coloca a Baleares por encima de paises como Francia, Hungría, Austria, Holanda, Reino Unido, Suiza o Polonia en cuanto a disponibilidad de odontólogos por 100.000 habiantes.


Además, a diferencia de otros países de nuestro entorno, la profesión de dentista en Baleares se ha rejuvenecido (edad media de los dentistas en España, según un estudio del Consejo Genereal de Dentistas, 39 años) y feminizado (57% de mujeres) y esta es una tendencia que va a ser mantenida en los próximos años.


Acudimos con menor frecuencia al dentista para revisiones periódicas

A pesar de la facilidad de la población para acceder a un servicio de odontología, España es uno de los países de la UE donde se acude con menor frecuencia al dentista para revisiones periódicas, según el estudio realizado por el Consejo General de Detistas de España. Los datos del último Libro Blanco de la Salud Oral en España del 2020 indican que solo el 51% de la población había visitado al dentista en los 12 meses anteriores. En cuanto al nº medio de visitas por habitante y año, los datos de Eurostat de 2017 muestran que la media en España es de 0.7 visitas/habitante/año, proporciones que pueden ser extrapoladas a la Comunitat Autònoma de les Illes Balears.


¿Por qué?

El miedo al dentista es bastante común, tanto que hasta un 15 por ciento de las personas reconocen no ir al especialista por esto. Las inyecciones en la boca es lo que más temor provoca (63,2 por ciento, según un estudio de Salud Bucodental realizado por Sanitas), seguido del dolor (55,7 por ciento) y la extracción de dientes (47,7 por ciento). Estas acciones son las principales razones que suscitan miedo y otros sentimientos desagradables. De hecho, más de la mitad de las personas preferirían estar sedados en determinados tratamientos.


Motivos económicos

Otro de los argumentos que con más frecuencia se repite para no ir al dentistas es que son servicios de salud caros. Según aseguran los expertos, los precios bajarían si todos pasáramos habitualmente revisiones periódicas porque se evitarían muchas intervenciones costosas. Al tener la percepción de que el precio es elevado, muchas personas retrasan sus visitas periódicas al dentista, lo que origina problemas bucodentales más graves y, en consecuencia, más costosos, en un círculo vicioso en el que, en vez de ahorrar, se gasta más dinero.


La situación es peor y el tratamiento más caro

Esta dejación puede estar motivada por los precios, pero también hay otros factores psicológicos. A menudo los asuntos bucodentales son considerados por muchos pacientes como un capricho del que pueden prescindir, para ellos tienen un fin estético por encima del sanitario. Una creencia infundada, pues la salud bucodental afecta también a la salud en general. Por ejemplo, las caries constituyen una puerta de acceso para algunos patógenos que agravan patologías ya existentes. Ciertas bacterias de la placa elevan el riesgo cardiovascular. Algo semejante ocurre con alteraciones respiratorias y problemas renales. También cabe advertir que el odontólogo es quizá uno de los pocos especialistas capacitado para detectar el cáncer de boca en fase temprana y, por tanto, curable.


Si se prescinde de la asistencia adecuada, empeora la salud bucodental y se encarece el servicio. Es lo que los dentistas llaman el síndrome del diente tratado: una pequeña caries conlleva un empaste o una endodoncia que puede acabar siendo una corona, un puente o incluso un implante por la caída de la pieza original.





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